Pérdida de cultura

La relación tradicional entre hombre y naturaleza es perturbada por la aparición de las explotaciones mineras y el trato de la naturaleza que conlleva. Muchas comunidades tradicionales que viven en armonía con la naturaleza suelen devolver lo que tomaron de ella. Las poblaciones indígenas se identifican con las tierras en las que viven, son las tierras de sus antepasados. Para los habitantes que son expulsados, su visión del mundo se ve afectada por las consecuencias de la explotación.

Así, para las comunidades autóctonas que dependen de sus propias cosechas y que tienen un vínculo espiritual con sus tierras, vivir de manera tradicional se vuelve imposible. Por la escasez de agua y la contaminación ya no pueden mantener su sistema autosuficiente.

En la visión del mundo maya – la cosmovisión – la vida es un ciclo en el que los humanos surgen de la tierra cuando nacen y vuelven allí cuando mueren. Cada niño es un regalo de la tierra y por eso merece ser respetado. Obviamente el robo de  tierras se opone diametralmente a esta visión. Las multinacionales mineras roban a la Madre Tierra y dejan un cráter estéril en el paisaje. La gente que vive en una zona minera y que sufre problemas ecológicos, sociales y de salud además es confrontada diariamente con el impacto visual imponente que supone una mina a cielo abierto.

Expulsión, contaminación del medio ambiente y escasez de agua son las consecuencias de la explotación del oro. Las comunidades autosuficientes que dependen de la agricultura como actividad económica principal ven desaparecer poco a poco su cultura agraria tradicional. Las familias campesinas son forzadas a buscar otros modos de vida y emigrar a las zonas urbanas. Este hecho incrementa las tensiones entre las comunidades tradicionales y la cultura dominante, lo que lleva a la pérdida de cultura y de sistemas autosuficientes. También cree un sentimiento creciente de impotencia e inferioridad. Por la migración los jóvenes son expuestos cada vez más a la influencia de culturas ajenas, teniendo en cuenta que las relaciones sociales y culturales en las comunidades indígenas son aún más susceptibles de cambio. Las tradiciones y costumbres locales desaparecen bajo la presión del racismo creciente, el alcoholismo y la globalización entrante.