El consumidor flamenco

Todos juntos consumimos enormes cantidades de metales en productos que varían desde compras pequeñas como una lata de gaseosa o un bolígrafo, hasta computadoras o un automóvil. La mayoría de los consumidores no son conscientes de que están consumiendo oro ya que, además de las joyas, numerosos dispositivos electrónicos contienen oro en pequeñas cantidades. Asimismo, muchos inversionistas bursátiles invierten, ya sea conscientemente o inconscientemente, en minería de oro.

El Informe Planeta Vivo lanzado por WWF demuestra que los belgas ocupamos el cuarto lugar en la lista de la Huella Ecológica de la Humanidad. Nuestro modelo de consumo sigue aumentando y el día en que todos los recursos de la Tierra se acaben se adelanta cada vez más. Si todos los habitantes del planeta vivieran como los belgas, para el año 2030 necesitaríamos dos planetas y para el 2050 hasta tres.

A menudo consumimos oro sin ser conscientes de ello o sin conocer su origen y los efectos de su explotación. Sin embargo, es un hecho que la minería de oro generalmente va acompañada de una fuerte contaminación ambiental, violación de derechos humanos y división social. La población local no participa de las ganancias hechas por las mineras. Puesto que la demanda del Norte determina en gran medida el consumo de metales,  tenemos una gran responsabilidad y somos parcialmente culpables de la problemática minera en el Sur. Todos podemos desarrollar una mirada más crítica hacia nuestro modo de consumo y nuestras forma de invertir. Hay alternativas. Los consumidores podrían influir de tal manera en la demanda de oro que la oferta tenga que evolucionar hacia soluciones deseables para todos, explotando de forma más responsable y haciendo uso de oro reciclado…