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¿Por qué?

La producción de un anillo de oro lleva consigo de 20 hasta 60 toneladas de residuos altamente tóxicos y el uso de 40.000 hasta 120.000 litros de agua dulce. El consumo de agua por gramo de oro puro puede elevarse a 17.000 litros. La explotación de un kilogramo de oro produce una emisión de CO2 de 17.000 toneladas.

Teniendo en cuenta que el sector minero es responsable del 7-10% del consumo de energía global, se ve claramente que este sector y los consumidores de metales y minerales cargan con gran parte de la responsabilidad de la crisis ecológica global.

En el contexto mundial de hoy, nosotros como consumidores situados en el lado de la demanda tenemos que preguntarnos de dónde vienen estas materias primas y a qué precio son explotadas. Un móvil, una tele, un ordenador, una tubería de desagüe de cobre… Todas estas cosas contienen metales explotados de manera muy dañina.

Un cambio de conducta individual puede llevar a enfrentar de manera colectiva  esta problemática de modo que el Sur deje de ser la víctima de nuestros hábitos de consumo.